Llega ese fatídico día, repasas
la lista de contactos y buscas a alguien en concreto, de repente nuestro dedo
se levanta de la pantalla y nuestros ojos se fijan concretamente como un imán
en alguien que ya no estará al otro lado del teléfono. Caminamos por casa y al pasar por su habitación comprobamos que esa cama ya no se va deshacer nunca más.
Es difícil afrontar cuando alguien
se marcha y no poder volver a mirarle a los ojos, a sentir sus abrazos, caricias,
a felicitar su Santo o cumpleaños, a despedirnos una vez más y las que hagan
falta y martirizarnos porque no han sido las suficientes.
Es difícil mirar hacia donde se
sentaba en la comida de Navidad o fin de año y ver esa silla vacía.
Es difícil no tener a quien
felicitar por el día del padre/madre.
Nos inundan con mensajes a través
de redes sociales, y nos hacemos la misma pregunta; ¿Por qué tú que tienes la
posibilidad de decírselo en persona, de abrazarla, de sentirlo, no lo haces?
De la lucha de mi madre aprendí a
escuchar las malas noticias con un ¿y?, me enseñó a pelear y no bajar los brazos
a pesar de la adversidad, me enseñó que cada golpe era una cuenta atrás, me
enseñó a afrontar con una sonrisa y mirada desafiante a esta enfermedad. Así
era ella y así me gusta recordarla.
Desde el aquel día, 13 de junio
de 2010, San Antonio, mi santo, empezó mi historia de superación.
Desde el 2013 soy corredor
popular, me gustan los retos, y descubrí que corriendo podía “abrazar” a la
persona que ya no estaba junto a mí, de evadirme, de ser yo mismo, de ser
libre, de ser dueño de tu tiempo y de disfrutar de la soledad del corredor, de
no pensar (sobre todo), de reír y llorar de rabia, de mirar al cielo y sentir QUE
TE EXTRAÑO, de autoconvencerte que esa persona a la que admirabas y querías ya no volverás a verla.
Mi cuerpo me pedía correr, pero
no podía, arrastraba problemas de espalda por desgaste de almohadillas en la
columna, los médicos me desaconsejaban deportes de impacto. También tenía un pequeño
fallo en una válvula mitral que no cierra del todo bien. Operado de vesícula,
lo que supone problemas estomacales, que unido al resto, pone las cosas un
pelín más difíciles.
A pesar de todo, creo que soy un
tipo con suerte, cuento con un grupo de amigos que siempre han estado ahí, los que nunca hacen
falta llamarlos, los que siempre preguntan “¿cómo estás?”, los que siempre te
dicen “vente” cuando más lo necesitas, los que te ponen la mano en el hombro,
te miran y sabes lo que necesitas.
Dicho esto, ya solo quedaba
empezar a CORRER Y YA ESTÁ.
Llegan los primeros retos, la
famosa San Antón en 2013 en su noche mágica, marca un antes y un después, descubro
que correr me da la vida, me hace más fuerte mentalmente, me enseña que todo
está en la mente y si dominas la mente dominas tu cuerpo. Después llegarían
medias maratones y múltiples carreras cortas.
El bicho del running me picó de tal forma que junto amigos y familia nos sirvió de excusa para visitar nuevas ciudades por toda la geografía: Madrid, París, Málaga, Vitoria, Valencia, Sevilla. Especial recuerdo, Málaga, donde en un concurso de frases motivadoras presenté una frase en homenaje a mi madre: “Hoy daré los pasos que tú no pudiste dar”, me llevé una sorpresa mayúscula al comprobar que en el último kilómetro aparecía la frase impresa.
Llegaron nuevos retos en forma de
triatlón, era y soy un pésimo nadador. Nos aventuramos en participar en el
Desafió Doñana, una prueba que consistía recorrer 90 kilómetros, cruzar a nado
la desembocadura del río Guadalquivir y por último correr por las
espectaculares dunas del Parque de Doñana. Todo no iba a ser perfecto, meses
antes el bicho de seis letras nos visitaba para llevarse al hermano de mi madre
(Manolo). En meta me esperaba mi familia y para él fue este reto.
El paso a la larga distancia llegaría
con la prueba de los 102 km que separan las ciudades de Madrid y Segovia. Me
encontraba entrenando para esta prueba cuando me daban la fatídica noticia,
nuevamente y otro hermano de madre nos dejaba (Teo).
Han sido tantas las personas que
nos han dejado, que han luchado y nos han enseñado tantas cosas, que mi debut
en Iron Man Larga distancia (3,9 km natación – 180 km en bici – 42,2 km
corriendo), va dedicado como pequeño homenaje a tod@s ell@s, (IroN-MoM).
En mayo del pasado año, también
se llevaba a mi padre.
A mi historia de superación
todavía le hacía falta algo, estaba corriendo para mí y me hice la pregunta: ¿cómo
podía ayudar a pelear contra el bicho haciendo lo que me gustaba? Así que plantee
el reto de correr durante 24 horas y aprovechar el evento para recaudar fondos
para la investigación contra el cáncer, la idea tuvo bastante aceptación, junto
con los miembros de la Junta Local de la AECC y con la colaboración de más
amigos conseguimos recaudar más de 2.400€. Se superó con creces la cantidad
objetivo (300€) y la noticia tuvo bastante aceptación haciéndose eco de la
misma medios provinciales de Jaén y Galicia (24H-Vigo) que era donde se disputaba.
La satisfacción y el orgullo
fueron enormes al poder comprobar como muchísima gente se sintió identificada
con el reto, entre todos conseguimos aportar nuestro grano de arena haciendo lo
que más me gusta y es LO QUE ME MANTIENE UNIDO a la gente que nos dejó.
Aquí he plasmado mi historia de
superación, sería bonito poder poner un fantástico broche de oro el conseguir
el premio de este concurso y poder donarlo nuevamente para la investigación
contra el cáncer.

















































